PokéLid de Sawsbuck, Kirlia y Fletchling
Desde Panamá, "Pixiee Blossom" presenta "Amor", un EP que convierte las experiencias, emociones y aprendizajes del amor en un recorrido musical de cuatro canciones. Tras dejar atrás el nombre de Ale Burgs en 2020, la artista encontró en Pixiee Blossom una identidad más libre y auténtica para desarrollar sus diferentes facetas creativas.
Inspirado por el pop y el pop-rock latino y estadounidense de los años 2000, con referencias que van desde Belinda, Belanova y La Oreja de Van Gogh hasta Britney Spears y Christina Aguilera, "Amor" recorre distintas etapas de una relación: desde la ilusión inicial hasta la aceptación, el perdón y la necesidad de soltar. Hablamos con Pixiee Blossom sobre su evolución artística, la creación del EP, sus influencias, la escena pop panameña y el universo visual que acompaña a su música.
1. ¿Podrías presentarnos a Pixiee Blossom y contarnos qué te llevó en 2020 a crear este proyecto artístico y a dejar atrás el nombre de Ale Burgs?
Pixiee Blossom nace de la necesidad de poder expresarme sin limitaciones, desde una nueva identidad mucho más libre. Ale Burgs fue el nombre que me acompañó durante toda mi adolescencia y parte de mi adultez, pero al ser mi nombre de pila sentía que, de alguna manera, tenía que ser como los demás esperaban que fuera y no como yo siempre había querido ser.
A través de todas mis facetas artísticas —el teatro, la fotografía y la música— sentía que necesitaba encontrar mi propio nombre, mi propia identidad y una manera más auténtica de expresarme. En 2020 decidí darle vida a Pixiee Blossom y permitirme ser esa versión de mí que siempre había estado ahí, pero que todavía no se atrevía a mostrarse completamente.
2. ¿Qué has descubierto sobre ti misma desde que comenzaste este proyecto?
Desde que empecé a explorarme artísticamente como Pixiee Blossom, descubrí mi propia voz y mi propio sonido. También he aprendido a sentirme más segura con mi expresión artística y con mi cuerpo, sin dejar que las críticas externas definan lo que quiero hacer.
Creo que este proyecto me ha permitido conocerme mucho más. Sigo descubriendo cosas de mí en el camino, pero hoy tengo mucho más claro quién soy como artista y qué quiero transmitir. Quiero dejar una huella y, sobre todo, que el público pueda encontrarse también en mi música.
3. ¿Cómo fue convertir experiencias y emociones tan personales en las cuatro canciones del EP?
Soy una persona muy emocional y normalmente tiendo a guardarme muchas cosas para mí. Con este EP tuve la oportunidad de decirle al mundo: “Yo también he pasado por lo que muchos de ustedes han pasado”.
Para mí, “Amor” es como ese abrazo que, en algún momento, todos los que hemos pasado por un dolor amoroso necesitamos. A mí me encanta hacer comedia de mis tragedias amorosas; de hecho, del despecho han nacido algunas de mis mejores canciones.
Siempre trato de encontrar lo bueno que deja cada experiencia. Aunque algo termine, siempre hay algo que puedes aprender, transformar y convertir en arte.
4. ¿Cómo conectarías estas cuatro canciones entre sí?
Este EP está contado en el orden en que muchas veces vivimos el amor.
Cuando te enamoras, hay tanta dopamina en tu cerebro que hasta un día lluvioso puede hacerte sentir feliz porque estás sintiéndolo todo. Esa es la etapa de “Smile”.
Después descubres que esa persona que te hacía sentir como la más especial del planeta también hacía lo mismo con otras, y ahí dices: “Okay, Game Over. Se acabó tu juego”. Pero, ¿sabes qué? Yo también puedo jugar, y muy bien.
Luego llega “Pa’ Qué”, porque empiezas a preguntarte para qué seguir viviendo lo mismo una y otra vez si, al final, esa persona no te va a elegir y no va a cambiar.
Y entonces llega la aceptación. Para soltar, muchas veces también hay que perdonar. “Perdóname” habla precisamente de eso: de perdonarte a ti mismo por sentirte culpable de no haber sido elegido. Muchas veces no somos culpables de que una relación no funcione.
Cuando finalmente entendemos eso, estamos listos para soltar, perdonar y seguir con nuestra vida.
5. ¿Qué hizo que esta canción fuera la elegida para presentar “Amor” al público?
“Smile” tenía que ser la primera porque representa justamente el comienzo del amor. Es ese momento en el que todo se siente bonito, emocionante y posible.
Además, musicalmente es una canción muy pegajosa y desde el principio sentimos que podía conectar fácilmente con el público. Le pusimos muchísimo amor a este proyecto y queríamos comenzar esta historia desde ese lugar: desde la ilusión, la felicidad y esas primeras emociones que sentimos cuando nos estamos enamorando.
6. ¿Qué recuerdos, artistas o canciones de aquella época fueron especialmente importantes para construir el sonido de “Amor”?
Mi productor y yo nos sentamos a conversar sobre qué historias queríamos contar. Las canciones ya tenían una base cuando las compuse, pero necesitábamos encontrar una identidad propia para cada una.
Ahí nació la idea de conectar con esos sonidos que marcaron mi adolescencia. Como buena millennial, disfruté muchísimo el pop y el pop-rock latino y estadounidense de los años 2000.
Queríamos recuperar un poco de esa nostalgia y nos inspiramos en artistas como Belinda, Belanova, La Oreja de Van Gogh y La Quinta Estación. Y, en inglés, artistas como Britney Spears y Christina Aguilera, que en esa época estaban por todos lados.
No se trataba de copiar ese sonido, sino de tomar elementos de una época que me marcó y llevarlos a mi propia identidad.
7. ¿Qué elementos de esas artistas te interesan llevar a tu propia música sin perder tu identidad?
Cada una de las artistas que tomé como referencia para construir la identidad de “Amor” tiene una voz y una identidad únicas. Puedes escuchar una canción y reconocerla prácticamente desde el primer segundo.
Eso es algo que quiero lograr con Pixiee Blossom: que cuando alguien escuche una de mis canciones pueda reconocer mi singularidad, mi manera de contar historias y mi sonido.
Quiero construir una identidad que sea realmente mía y que, al mismo tiempo, pueda trascender generaciones, como lo han logrado algunas de las artistas que admiro.
8. ¿Cómo ves actualmente la escena pop panameña y qué crees que todavía puede descubrir el público latinoamericano de los artistas de tu país?
En Panamá sobra talento. Tenemos grandes artistas y compositores como Rubén Blades, Erika Ender, Omar Alfanno y Demphra, todos de géneros y propuestas muy diferentes.
Pero siento que durante muchos años hemos estado muy asociados a lo urbano y no siempre se le ha dado al pop el espacio que merece. Hubo momentos en los que el pop panameño quiso tomar fuerza a nivel internacional, y creo que todavía tenemos muchísimo por mostrar.
Por eso quiero abrir una brecha para mí y para otras colegas femeninas que también están haciendo pop. Me gustaría que el pop panameño pudiera ser reconocido internacionalmente y que pudiéramos estar presentes en conversaciones musicales junto a mercados como México, Colombia o Argentina.
Panamá tiene mucho pop para exportar y yo quiero ser parte de esa ola.
9. ¿Qué importancia tiene para ti que la identidad visual y la música formen parte de un mismo universo?
Como artista suelo ser muy perfeccionista, pero también he aprendido a dejarme guiar por las ideas de mi equipo. Y definitivamente Sara supo entender lo que quería transmitir con estos visuales.
He incursionado mucho en el teatro y en la fotografía artística, así que en mi mente siempre está surgiendo un sinfín de ideas. Lo bonito ha sido poder compartirlas con mi equipo y ver cómo ellos las llevan a la realidad.
Para mí, la música y lo visual tienen que contar la misma historia. “Amor” no es solamente un EP; es un universo que estamos construyendo desde las canciones, las imágenes, la estética y cada detalle. Y con el tiempo quiero seguir superándonos para entregarle al público piezas de arte que realmente sientan que merecen.
10. ¿Qué te gustaría que una persona que nunca ha escuchado hablar de Pixiee Blossom descubriera de ti al escuchar “Amor” por primera vez?
Me gustaría que conectaran con mis canciones y que alguna de ellas pudiera acompañarlos o incluso rescatarlos del momento que estén viviendo.
A mí me ha pasado muchas veces con la música. Hay canciones que llegan justo cuando las necesitas y que, de alguna manera, te ayudan a atravesar algo.
Eso es lo que quiero que pase no solo con “Amor”, sino con mi música en general. Es un proyecto hecho con todo el amor del mundo, desde experiencias muy reales, y espero que cada canción llegue a los oídos correctos y que, cuando lo haga, alguien pueda sentirse identificado y decir: “esto también me pasó a mí”.
En el post de hoy os venimos a hablar de una locomotora diesel muy iconica de los ferrocarriles britanicos.
La British Rail Class 55 “Deltic” fue una serie de locomotoras diésel-eléctricas construidas entre 1961 y 1962 por English Electric para la British Railways Eastern Region. Su misión era reemplazar a las locomotoras de vapor en los trenes expresos que unían Londres, Leeds, York, Newcastle y Edimburgo, proporcionando altas velocidades y fiabilidad en largas distancias.
| Fabricante | English Electric, Vulcan Foundry (Newton-le-Willows) |
| Año de construcción | 1961–1962 |
| Número total construido | 22 unidades |
| Tipo de tracción | Diésel-eléctrica |
| Motores | 2 × Napier Deltic D18-25B de 18 cilindros en disposición triangular |
| Potencia total | 3.300 CV (2.460 kW) |
| Transmisión | Eléctrica — generadores y motores de tracción EE 829/1B |
| Configuración de ejes | Co-Co |
| Velocidad máxima | 160 km/h (100 mph) |
| Peso | 100 toneladas |
| Longitud | 21,34 m |
Las Deltic sustituyeron a las grandes locomotoras de vapor de las líneas del este británico, demostrando una fiabilidad excepcional. Su motor, derivado de la tecnología naval utilizada en lanchas rápidas de la Royal Navy, ofrecía una potencia sin precedentes en el ámbito ferroviario. Esto permitió reducir drásticamente los tiempos de viaje entre Londres y Escocia.
Durante dos décadas, las Deltic fueron símbolo de modernidad y velocidad. En 1982 fueron reemplazadas por las locomotoras InterCity 125 (HST), pero su legado continúa gracias a los grupos de preservación. Varias unidades se mantienen operativas para servicios especiales, como las D9002 “King’s Own Yorkshire Light Infantry” y D9009 “Alycidon”.
De las 22 locomotoras originales, al menos seis se conservan actualmente en museos o en manos de asociaciones ferroviarias. Su distintivo color azul, las franjas blancas en “V” y el rugido de sus motores Napier continúan fascinando a entusiastas del ferrocarril en todo el mundo.
¿La conocíais? ¿Qué os ha parecido? ¡Os leemos en los comentarios!Porque soñar es gratis.
Goilli: A primera vista, WALL·E parece una película sobre un pequeño robot encargado de limpiar una Tierra completamente cubierta de basura. Con muy pocas palabras, Pixar consigue contar una historia de amor entrañable y divertida. Sin embargo, detrás de esa apariencia se esconde una de las críticas sociales más profundas que ha hecho el estudio: una reflexión sobre el consumismo, la sostenibilidad, la tecnología, el aislamiento y la importancia de no perder aquello que nos hace humanos.
WALL·E lleva cientos de años realizando la misma tarea: recoger los restos de una sociedad que consumió sin límites hasta convertir el planeta en un lugar inhabitable. Mientras limpia montañas de residuos, va coleccionando pequeños objetos que para cualquier otra persona no tendrían valor. Un mechero, una bombilla, un cubo de Rubik o una simple planta despiertan en él curiosidad, ilusión y esperanza. En un mundo donde ya no queda nadie, es precisamente un robot quien demuestra una sensibilidad profundamente humana.
Desde una mirada cotidiana, WALL·E nos invita a reflexionar sobre la sociedad en la que vivimos. Cada vez compramos más, consumimos más información, pasamos más tiempo frente a una pantalla y vivimos con una prisa constante que muchas veces nos impide detenernos a observar lo que tenemos delante. La película plantea una pregunta incómoda: ¿estamos utilizando la tecnología para mejorar nuestra vida o estamos dejando que sustituya aquello que realmente nos conecta con los demás?
También nos recuerda que la comodidad tiene un precio. En la nave Axiom, los seres humanos tienen todo lo que necesitan al alcance de un botón. No caminan, no toman decisiones y apenas interactúan entre ellos porque las pantallas ocupan todo su tiempo. Sin darse cuenta, han dejado de experimentar la vida para limitarse a verla pasar. Y quizá esa sea una de las críticas más actuales de la película: cuando dejamos que todo sea automático, también corremos el riesgo de desconectar de nosotros mismos, de las personas que nos rodean y del mundo que habitamos.
Desde una perspectiva de Trabajo Social, WALL·E ofrece una reflexión muy interesante sobre la responsabilidad colectiva. La película muestra las consecuencias de una sociedad centrada únicamente en el consumo inmediato, sin pensar en el impacto que sus decisiones tendrán sobre las generaciones futuras. Nos recuerda que los problemas sociales y ambientales nunca son individuales, sino el resultado de decisiones colectivas que afectan especialmente a las personas más vulnerables.
Además, la historia pone sobre la mesa la importancia de la participación activa. Los habitantes de la Axiom han perdido su capacidad para decidir, para relacionarse y para implicarse en aquello que ocurre a su alrededor. Desde el Trabajo Social sabemos que fomentar la autonomía y la participación de las personas es esencial para construir comunidades más saludables, inclusivas y resilientes. Cuando una sociedad deja de participar en su propia realidad, corre el riesgo de normalizar situaciones que nunca deberían convertirse en normales.
Quizá el mensaje más poderoso de WALL·E sea que siempre existe la posibilidad de cambiar el rumbo. Basta una pequeña planta para devolver la esperanza a toda la humanidad. Un gesto aparentemente insignificante puede convertirse en el comienzo de una transformación mucho mayor. La película nos recuerda que cuidar del planeta también es cuidar de las personas, y que el futuro no depende únicamente de los grandes cambios, sino de las pequeñas decisiones que tomamos cada día.
Porque al final, WALL·E no habla solo de reciclar o de proteger el medio ambiente. Habla de recuperar nuestra capacidad de conectar, de sentir curiosidad, de cuidar lo que tenemos y de recordar que el progreso nunca debería alejarnos de aquello que nos hace humanos.
Una película que parece contar la historia de un pequeño robot enamorado, pero que en realidad nos invita a reflexionar sobre el futuro de nuestra sociedad, el impacto de nuestras decisiones y el verdadero significado de vivir, cuidar y conectar.
Si hoy miraras tu vida con los ojos de WALL·E, ¿qué pequeños detalles descubrirías que llevas demasiado tiempo pasando por alto? Os leemos en coemntarios.
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